COVID-19 ¿La Tormenta Perfecta para la estabilidad de los venezolanos? 
Control Social, política social y terrorismo de Estado.

Para nadie es un secreto la situación global que se vive desde la llegada del COVID-19, una situación delicada y que amerita una serie de medidas ineludibles para evitar su propagación y todo lo que ello implica.

Ahora bien, de allí a utilizar esa situación como un mecanismo “macabro” de control social es otra historia. Pero, ¿qué es el control social como tal? Si bien es cierto que esta figura no es más que el conglomerado de prácticas, valores y actitudes destinados al mantenimiento del orden necesario y establecido en las diferentes sociedades, también es cierto que para su aplicación es posible utilizar medios coercitivos y hasta violentos; existen también otras formas de llevarlo a cabo y que no son como tal coactivas.

Hasta ahora hemos visto que en Venezuela han estado presentes estas medidas, tanto las coactivas como las no coactivas. Un ejemplo de ello es la criminalización de la protesta en medio de un Estado de Excepción, en el cual las personas así no cuenten con los servicios públicos necesarios, no pueden ejercer su constitucional derecho a la protesta (este último inhibido por dicho estado de excepción) para exigir contar por lo menos con agua y electricidad. Lo cual se ha traducido en detenciones de decenas de venezolanos por este hecho.

De igual manera, hemos visto como se ha aplicado un control social no coactivo, que en este caso ha sido producto de la propia conciencia social de los venezolanos, control que se hace palpable con la reprobación que nos hacemos los unos a los otros si por lo menos vemos a alguien salir a la calle sin su tapa boca, o al entrar a un establecimiento sin poner en práctica ninguna de las recomendaciones dadas para prevenir el contagio de COVID-19.

Pero bueno, ¿a qué nos lleva esto? Pues al ver el uso de políticas coactivas para controlar a la sociedad me es inevitable pensar en lo que se conoce como “Terrorismo de Estado”, figura que puede ser definida como “Cuando el Estado a través de sus gobernantes reprime a la población, la hostiga, la persigue, de modo sistemático, para poder llegar a dominarla a través del temor, evitando cualquier acto de resistencia a la opresión, esa manera de actuar recibe el nombre de terrorismo de Estado, que es un abuso de su poder coactivo, donde los civiles son secuestrados, torturados o asesinados, sin juicio previo, o sin las garantías del debido proceso”

Quizás puedan pensar que estoy exagerando, pero no, desde el simple hecho de escuchar a un alcalde, amenazar a una comunidad con la suspensión del CLAP, por el solo hecho de protestar, está quedando en evidencia  esta conducta terrorista por parte del Estado venezolano. Sin contar con las aprensiones y demás hechos irregulares que vemos cada día y que lamentable nos hemos acostumbrado.

¿A donde quiero llegar con todo esto? a que seamos capaces de entender la gravedad de nuestro panorama, pues si bien es cierto que la situación con el COVID-19 es delicada, es algo que vino a facilitarle al Estado venezolano el escenario idóneo para aplicar de frente las medidas de control social que mejor sabe aplicar, lo cual en medio de la pandemia, la escasez de combustible y la precariedad de los servicios públicos y de salud han configurado una “Tormenta Perfecta”.

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